Qué vas a aprender
🟢 RESUMEN
Se presenta el caso de un paciente masculino joven, de 48 años, con diagnóstico de esófago de Barrett ultralargo (22-24 cm), prácticamente circunferencial. Inicialmente fue detectada displasia de bajo grado en una evaluación previa sin magnificación. El paciente es programado para ablación con radiofrecuencia (RFA) utilizando un catéter de balón 360 de Medtronic. Sin embargo, dado que en esta ocasión se dispone de endoscopia con magnificación, se decide realizar una evaluación detallada con cromoendoscopia para descartar lesiones visibles o focos de displasia de alto grado antes de proceder a la ablación.
La inspección inicial sin magnificación no muestra hallazgos llamativos. Posteriormente se utilizan técnicas de magnificación y cromoscopia con NBI (BLI) y ácido acético. Se identifican diferentes patrones glandulares (vellosos y circulares), típicos del esófago de Barrett, y se destacan vasos submucosos engrosados (vasos envid), indicadores de atrofia. Se utiliza capuchón (CAP) para mejorar la estabilidad y la visualización.
Durante la evaluación detallada, se detectan zonas con alteraciones vasculares y glandulares sugestivas de displasia de alto grado o incluso de carcinoma precoz. Una de estas áreas presenta una elevación y abombamiento de la mucosa en la región distal (27-31 cm), sospechosa de cáncer precoz. Se decide realizar biopsias exhaustivas en las zonas sospechosas. El hallazgo de lesiones no visibles macroscópicamente refuerza la utilidad de la magnificación y el ácido acético en estos pacientes.
Ante la sospecha de neoplasia, se replantea la estrategia terapéutica. En lugar de proceder directamente con RFA, se prioriza la resección endoscópica (DSE) de las zonas afectadas para confirmar o descartar malignidad. En caso de confirmarse carcinoma, la ablación quedaría pospuesta hasta completar el tratamiento resectivo.
En conclusión, este caso ilustra la complejidad del manejo del Barrett extenso con displasia. La evaluación avanzada con magnificación, ácido acético y NBI permite detectar lesiones no visibles en exploraciones estándar y evita intervenciones inadecuadas como la ablación sobre focos malignos. Además, subraya la importancia del protocolo de Seattle y la necesidad de un enfoque individualizado y meticuloso en estos pacientes.
🔵 MOMENTOS DESTACADOS
- 00:06. Presentación del paciente: hombre joven con Barrett ultralargo.
- 00:40. Plan inicial: ablación con radiofrecuencia.
- 01:10. Evaluación sin magnificación y repaso del protocolo de Seattle.
- 02:00. Uso de magnificación y NBI para análisis detallado.
- 03:00. Identificación de vasos submucosos engrosados (“vasos envid”).
- 05:00. Observación de zonas con vascularización alterada.
- 09:44. Identificación de área elevada sugestiva de cáncer precoz (27-31 cm).
- 10:34. Decisión de realizar disección endoscópica en lugar de ablación.
- 12:00. Evaluación adicional con ácido acético: zonas que no se tiñen.
- 14:15. Hallazgo de múltiples áreas sospechosas con retracción y nódulos.
- 17:00. Biopsias dirigidas en regiones de sospecha.
- 24:00. Confirmación visual de nódulo que no se tiñe ni con ácido acético ni BLI.
- 32:00. Evaluación de otra lesión en 24 cm.
- 36:00. Conclusión del procedimiento: biopsias tomadas, pendiente confirmación.
🟠 OBJETIVOS DE APRENDIZAJE
- Comprender la importancia de la evaluación detallada en esófago de Barrett antes de realizar ablación.
- Identificar los patrones glandulares y vasculares típicos del Barrett y sus alteraciones sugestivas de displasia o carcinoma.
- Valorar el uso de técnicas de magnificación, NBI y ácido acético en la detección de lesiones invisibles.
- Reconocer la utilidad del protocolo de Seattle en la detección precoz de displasia.
- Aplicar un enfoque escalonado en el manejo del Barrett: resección de lesiones visibles antes de proceder a RFA.
- Establecer la necesidad de biopsias dirigidas ante hallazgos endoscópicos sospechosos.